Hasta nunca, agridulces 33

Adiós, agrodulces 33
Fantastic Mr. Fox

Al fin se me terminaron los 33.

Ha sido toda una aventura hasta ahora, cuando creí que ya nada podría sorprenderme, me volví a asombrar de mí mismo. Y esto es clave, porque algo que nos mantiene expectantes al futuro es la capacidad de asombro.

Este año en particular me equivoqué un chingo de veces, lo reconozco. Me aventé al vacío en repetidas ocasiones, aposté todo, y lo perdí todo. Siempre he dicho que la vida es como un gran casino, donde lo más importante es seguir apostando, un día alguien me dijo que también debería saber cuando retirarme. Aún no he encontrado el momento para hacerlo, y esto a la larga cuesta, y cuesta mucho, porque entre más viejo te vuelves, más complicado es conformarte y por supuesto, recuperarte de lo que has perdido y de lo que no has ganado. A pesar de ello, ahora que me tomo el tiempo para reflexionar, sé que cada fracaso ha valido la pena, después del baño de realidad y los momentos amargos, comprendo que las equivocaciones que he cometido me han permitido crecer de alguna manera y me motivan a seguir aprendiendo (aunque a veces no sea de la manera más agradable).

En definitiva, los treinta y tres no han sido de mis favoritos. Vaya, si tuviera que elegir los mejores años de mi vida para enmarcarlos, colocarlos en la pared y mostrarlos orgulloso, prescindiría de ellos sin dudarlo. Pero estoy seguro que han sido necesarios para lo que viene a continuación (de lo cual tampoco tengo mucha idea, pero trato de ser positivo al respecto).

Me siento más maduro, reflexivo, consciente de que las decisiones que pueda tomar en el presente incidirán de alguna manera en el futuro. Esta vez quiero hacerlo con cuidado, porque el pasado ya no se puede cambiar y deseo tener nuevas y agradables experiencias que se conviertan en recuerdos para atesorar. A final de cuentas de eso se trata, de conservar los fragmentos que nos marcan, que nos transforman, que nos convierten en versiones más estables y congruentes de nosotros mismos.

El epílogo de un empleo.

Renuncié a mi empleo principal en Diciembre de 2016. Hasta ahora, no ha llegado el día que me arrepienta de esta decisión. Me siento tranquilo, relajado y enfocado. Sé la ruta que debo tomar y la meta que quiero alcanzar. Claro, no ha sido sencillo (después de todo, cuando navegas por cuenta propia en el mundo profesional nunca lo es, al menos en un país como México). Trabajo con amigos, le he apostado a proyectos pero aún no he podido encontrar un cien por ciento de estabilidad económica, que es lo que de alguna manera cierra lo que considero el perfecto ciclo laboral: hacer lo que quieres, cuando quieres, como quieres, con quién quieres, donde quieres y que además te paguen por todo esto. Volví a conocer lo que es invertir tiempo y esfuerzo en mantener viva una idea, tomarle aprecio a cada empeño, tener pasión y sacrificarse por un proyecto y aunque no soy el tipo más disciplinado cuando de asistencia o vestimenta se trata, sí me he aplicado a las encomiendas que he tenido. Y lo mejor de todo: estoy contento de trabajar con personas inteligentes, talentosas e inspiradoras de las que puedo aprender todos los días.

Tal vez lo único que me preocupa es empezar a enfilarme a los cuarenta sin tener una posibilidad de retiro clara. Esto significa que si no logro hacer algo verdaderamente bueno en 30 años (o menos), nunca alcanzaré una jubilación que pueda mantenerme cuando ya no tenga la juventud, ni la agilidad mental para trabajar. Es un reto que estoy asumiendo desde ahora a plena consciencia.

La escuela.

Por fin tuve la oportunidad de dedicar un poco más de mí a impartir clases universitarias. Aproveché para investigar nuevos contenidos, preparar las sesiones con la debida anticipación, planear y evaluar actividades cuando ha sido necesario. De cualquier forma, enloquecí a ratos, sobre todo cuando debía calificar más de 20 proyectos en un fin de semana. Sin duda que aún me falta (mucha, mucha, mucha) organización y capacidad para poder ser buen profesor, así que prometo mejorar mientras se me de la oportunidad compartir lo poco que he aprendido. Afortunadamente, en el año también me invitaron (otra vez) a impartir docencia de trabajos en grupo en el Máster en Usabilidad de la UPF, con el añadido de que tuve que hacer Webinars (una explicación “en vivo” de los ejercicios a los estudiantes), me di cuenta que no solo no le agrado a la cámara fotográfica, tampoco a la webcam, pero también descubrí que mi vocabulario no es tan malo, pues he conseguido hacerme entender con personas que viven en España y otros países de Latinoamérica. La he pasado bien con esta dinámica, es una experiencia que aprecio porque no todos los días puedo aprender de una comunidad multicultural.

Gatos, gatos, gatos.

Ya tengo un chingo montón de gatos. No sé cómo pasó, pero de pronto me volví una especie de loco y solitario de los gatos. No particularmente de los que los lanzan en defensa propia o de los que vagan por las calles de la ciudad con una congregación de estos ejemplares detrás, pero sí de los que los conservan porque creen que nadie más les dará el cuidado, alimentación y cariño que requieren. Siempre que alguien me pregunta por qué tengo tantos, le respondo que es porque estoy formando un ejército (quizás para ayudar a los más necesitados [o proteger a los ñoños del acoso], o tal vez para iniciar una rebelión que someta a la raza humana, ¿importa tanto el propósito?). Al menos hasta ahora, Vito, Sonny, Linus, Adolf (originalmente Jude, pero carajo se parece demasiado a Hitler), Suka, Ónix, Sombra (y sus cuatro pequeños que he preferido no nombrar para evitar encariñarme) no me dejan sentirme tan solitario.

Los cuatro pequeños de Sombra están en adopción, si les interesa ya saben que pueden escribirme y con gusto lo platicamos. Les puedo mostrar fotos y si deciden adoptar, quizás les haga preguntas random, solo para asegurarme que estarán con personas responsables.

El masoquista.

Me pre-inscribí en dos programas académicos (una licenciatura y una maestría) aún no sé si ingresaré a los dos o no, pero ya he realizado cursos propedéuticos, presentado exámenes y hasta expuesto anteproyectos. Esto es algo difícil de aceptar, pero necesario: hace meses, me di cuenta que padecía principios de depresión (lapsos no a un nivel crítico), así que para evitar medicarme, opté por mantener mi mente ocupada (trato de consumir con frecuencia libros, videojuegos, películas, series, cómics, música y casi cualquier material que mantenga mis pensamientos alejados de los espacios melancólicos de mi cerebro, aunque admito que a veces solo quiero dormir para escapar a una realidad alterna, esto último no siempre da buenos resultados, especialmente cuando las pesadillas me atacan). Pero volviendo al tema de los estudios, probablemente al final me decida por un solo programa formativo (para no trastocarme tanto), o a lo mejor si es que me aceptan en ambos me arriesgo, total tengo la disposición y la motivación para hacerlo, que no tiene nada que ver con títulos, sino con adquirir nuevos aprendizajes que pueda poner en práctica, que me mantengan vigente y me ayuden a subsistir fuera del sistema.

Cualquier recomendación de material que pueda mantenerme entretenido es bienvenida. Llevo ya varias series, Stranger Things, A Series of Unfortunate Events, The OA (tal vez mi favorita de este año), Sense8 (la segunda temporada, me fascinó), House of Cards (la última temporada), Rick & Morty, Magi: The Labyrinth of Magic (en proceso), Black Mirror (en proceso), Narcos (en proceso). ¡Estoy más que listo para la nueva temporada de Game of Thrones!. En cuanto a películas, algunas que se añadieron a mi lista de favoritas: Swiss Army Man, Steve Jobs (la de Danny Boyle), Split, St. Vincent, Fantastic Beasts and Where to Find Them, Rogue One: A Star Wars Story, Guardians of the Galaxy Vol. 2, etc. Estoy ansioso por ver Dunkirk de Christopher Nolan. Sobre libros, este año me enfoqué mucho en política (como la Casa Blanca de Peña Nieto, El Amasiato de Álvaro Delgado o 2018: La Salida de AMLO [éste último no por fanatismo, sino para tratar de comprender al personaje detrás del espectro] todos me parecen recomendables), y literatura universal por ejemplo Rebelión en la Granja de Orwell (me encantó), 1984 (en proceso), el Llano en Llamas de Juan Rulfo (terminando). Voy retrasado con los libros, tengo pendientes varios de Saramago, y espero mejorar mis números lectores al finalizar el año. En videojuegos, concluí la saga de Uncharted (los cuatro), después de eso quedé algo triste devastado porque la historia finalizó y pasó un rato antes de que empezara The Last of Us (aunque jugarlo solo no es mi hit, con tanta criatura rondando, pero ahí la llevo).

* Algo extraño que me sucede con frecuencia es que después de que finalizo un relato que me ha movido (libro, película, serie, videojuego, etc.) tiendo a tomarme un tiempo para reflexionarlo antes de empezar uno nuevo.

Escritor delirante.

Tengo un rato escribiendo historias cortas, nada formal, solo como un ejercicio para mantenerme arrastrando el lápiz atareado. Pueden encontrar estos relatos aquí, algunos tienen que ver conmigo, otros no tanto. Mírenlos meramente como ocurrencias, nada más que eso. Y es que un día quise ser guionista, escribir un libro, estudiar literatura y filosofía, y principalmente, encontrar las palabras que me ayudaran a contar un poco sobre el cúmulo de ideas que llevo dentro. Aunque todo esto todavía es un sueño lejano, al menos por ahora me ha servido a modo de distracción, he encontrado una válvula de escape para liberar el peso innecesario que a veces me agobia.

Me gustaría ponerme en contacto con personas que les agrade contar historias, y quieran hacerlo por mera diversión. Si alguien desea contribuir aportando micro escritos, adelante. Siempre tendrán su crédito por ello, y me emocionaría no estar solo en este viaje (a lo mejor hasta sale una buena colaboración, donde podamos atar astros y darle vida a un nuevo universo).

Para cerrar este breve post (que al final no ha sido tan breve), no me resta más que dar las gracias a quienes de una u otra manera se han cruzado en mi camino y han contribuido con su esencia a lo que soy ahora.

En The Return of the King, Frodo recuerda que Bilbo le dijo una vez que cada personaje debía entrar y salir del relato, y que su parte un día llegaría a su fin. Así que ya sea que hayan entrado o salido de esta historia, que tuvieron una participación breve, o por el contrario, que continúe hasta este momento, siempre lo valoraré. Decido quedarme con las cosas buenas, con las que aportan, porque en este relato no hay cabida para personajes irrelevantes, pero sí hay bastante espacio para los significativos, los que te generan nuevas perspectivas, los que te motivan, los que te sacuden el mundo porque te muestran que hay mucho más allá, fuera de esos límites que amurallan el pensamiento y que en ocasiones trazamos por miedo a lo desconocido.

Hoy me siento vivo, y eso en verdad que no puede ser tan malo :)

Es diez de julio de dos mil diecisiete,
Y llegué a los treinta y cuatro,
en una sola pieza.

Ahora sí:

Treinta y tres, los veré en el infierno.