Mi primer empleo

job

Hace 7 años ya, renunciaba a mi primer empleo.

Con 23 años y recién egresado de Ingeniería había yo iniciado una larga búsqueda para encontrar una oportunidad laboral, tocando puertas y entrevistándome en el sector público y privado de la ciudad. Sin éxito.

Finalmente, llegué a mi primer empleo a través de una oferta en el portal de OCC. La paga no era prometedora, a pesar de eso consideré que era un buen comienzo. Además, me interesaba el proyecto para el que me habían contratado, y puesto que empezaba una Maestría, era una oportunidad de complementar el aprendizaje adquirido con la experiencia laboral.

Estando ahí, conocí personas por las que valió la pena el viaje, aprendí mucho y salí bien librado de los diversos retos impuestos. No era sencillo, los tiempos de entrega siempre eran reducidos y tuve jornadas que parecían interminables. La ausente planeación terminó por matarme, empecé a sentir hartazgo producto de las actitudes, decisiones y caprichos de los jefes, quienes la mayoría de las veces anteponían sus intereses por encima de la vida y los compromisos de los empleado que ahí laborábamos.

En algún momento, durante la consolidación de la organización y el desarrollo de proyectos, se perdió el objetivo y todo comenzó a girar en torno al dinero para los directivos. Y posiblemente así sea en todas las empresas, pero cuando lo único que transmites a tus empleados es el dinero que necesitas y cómo sus acciones repercuten y se traducen en capital, definitivamente es porque algo se ha ido al carajo.

Renunciar a primera instancia no fue del todo genial, estuve desempleado por casi ocho meses, donde nuevamente comencé de cero y recibí varias negativas. Sin embargo, durante ese período de tiempo pude convivir más con mis seres queridos, especialmente con mi abuelo, quien fallecería en Noviembre de ese mismo año, y eso es algo que considero invaluable, porque ni todo el dinero que hubiera ganado en aquel entonces podría compensar su compañía, que hoy extraño bastante.

Como no me encontraba comprometido laboralmente, pude dedicar parte de mis muchas horas disponibles a terminar mi trabajo de investigación de maestría, y para cuando encontré un nuevo empleo, ya estaba listo para presentar el examen de grado. Esto fue un importante parteaguas para que me iniciara en la docencia, profesión que amo profundamente a pesar de que a veces no es bien retribuida o agradecida.

Para concluir, quisiera expresar que renunciar a mi primer empleo, en el momento que lo decidí, parecía no ser lo mejor, pero a la larga, valió la pena totalmente. Es por ello que siempre que puedo aconsejar a un recién egresado para que no se quede estancado en un mismo puesto, lo hago. Ya sea porque su trabajo no se valore lo suficiente, o no se sienta identificado con la idea de la organización de la que forma parte, y sobre todo, si no se encuentra comprometido económicamente, debería disfrutar el placer de renunciar. Es una de las mejores decisiones que podemos tomar en la vida. Cerrar ciclos para buscar un nuevo comienzo.

Porque el dinero no hay duda, siempre será consecuencia del talento y del buen trabajo que podamos desempeñar.