Final de temporada

Credencial UPF

A inicios de 2015 apliqué para ingresar al Postgrado en Usabilidad, Diseño de Interacción y Experiencia de Usuario, impartido por el Instituto de Educación Continua (IDEC) (hoy ha cambiado de nombre para convertirse en la Barcelona School of Management) de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, España.

Como recién me había propuesto adquirir formación académica (claro, con el objetivo principal y harto deseo de aprender cosas nuevas), decidí profundizar en una disciplina que me fascina y que pongo en práctica a diario: la User Experience (UX). Así pues, puse manos a la obra y encontré sobradas opciones para estudiarla (en México, ninguna factible) que fui descartando considerando mis alcances y necesidades: programa de estudio, modalidad, costo, prestigio de la Universidad, duración, entre otros factores que fueron determinantes para finalmente tomar una decisión.

El Postgrado en UX de la UPF se acababa de crear y pronto iniciaría la primera generación, por lo que me pareció haberlo encontrado en el momento justo. Además de ser un programa flexible (en línea y asíncrono, es decir donde las actividades están basadas en fechas de entrega pero no se tiene que tomar la clase a una hora determinada) se encontraba la posibilidad de que al concluirlo, podría matricularme el segundo año en el Máster en Información Digital que ofrece la misma institución, revalidando las asignaturas de especialidad (tiene tres líneas especializantes, una de ellas es la de UX). Después de pensarlo, revisar mi economía, y apostillar los papeles correspondientes (en una visita relámpago al DF), apliqué y en Febrero de 2015 me aceptaron.

Los meses siguientes, fueron cansados pero gratificantes a la vez en cuanto a la experiencia de aprendizaje. Claro, tuve que hacer sacrificios (adiós a mi tiempo de esparcimiento para dedicarme única y exclusivamente a estudiar los fines de semana y entre semana cuando me era posible. Para ello, construí una agenda enfocada en deadlines para cumplir con mis empleos, y llevar a cabo todas las actividades que tenía previstas. Aprendí a organizarme, pues.), ya que implicaba leer a diario, hacer resúmenes, reflexionar sobre los temas para aportar objetivamente en los debates así como elaborar ejercicios y exámenes para corroborar lo aprendido.

Articulos

Como tenía que leer de cinco a siete artículos de buen grosor por semana, optaba por imprimirlos ya que porque prefería subrayarlos en papel antes que hacer una lectura digital.

El curso me pareció incluso más pesado que uno presencial, pero cada asignatura valió la pena. Tuve la oportunidad de interactuar con una gran comunidad de personas (compañeros y profesores) de diversas nacionalidades, todos con extraordinarios conocimientos. Me di cuenta que todavía me queda mucho por aprender y lo más importante, pude ampliar un poco más mi perspectiva (que sin darme cuenta, había sido minada por la misma cultura). Le agarré cariño al campus virtual, y una vez obtenido el título de Postgrado, sin dudarlo, me matriculé en el Máster, a iniciar en Septiembre de 2015.

Aparentemente, cursar el Máster no sería tan desgastante, aunque tendría que desarrollar un proyecto final, ya estaba familiarizado con la dinámica de enseñanza – aprendizaje y tenía idea de como organizar mejor mis tiempos para salir bien librado. Pero para variar, le aumenté dificultad: me inscribí en un Diplomado en Mercadotecnia Política y Campañas Electorales (también en línea, pero este impartido por la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM) y es que aunque no soy político (y no pretendo serlo) este tema también me apasiona, por lo que de septiembre a diciembre de 2015 dupliqué y optimicé el tiempo de estudio, cumpliendo siempre con las exigencias de todos los sitios y personas a las que estuve vinculado. Me volví estudiante, docente, funcionario de tiempo completo.

Ya para Enero de 2016, la cosa pintaba más relajada, con el diplomado concluido no habría manera de añadirle carga extra al asunto (o eso creía). Apenas terminaba Febrero, me contactó el director del Máster: hubo una baja de último momento en la plantilla de profesores y necesitaban alguien que pudiera preparar los trabajos en grupo e impartir la docencia en las asignaturas de especialidad así que me invitaba a realizar una propuesta para los mismos, esto por haber concluido satisfactoriamente el postgrado. No pudiendo negarme a tener una experiencia de este tipo, me apresuré a enviar la propuesta, la revisaron y a los pocos días, recibí un correo de su parte: las habían aprobado, por lo que me convertí en profesor de la UPF. Así que me encarrilé en ello, y nuevamente tuve que equilibrar todas las fechas de entrega: compromisos de oficina, la docencia presencial con sus respectivas horas de clase y exámenes así como la docencia virtual y sus correspondientes evaluaciones. Y por supuesto, todo ello sin descuidar las entregas que debía hacer como estudiante para aprobar el Máster.

Poco a poco las fechas se llegaron y afortunadamente pude conseguir todo lo que en un inicio me propuse. El día de ayer (29 de Julio) me confirmaban los resultados finales del Máster, logré obtener el título, y con ello, ha llegado el final de una temporada. Una de las más pesadas, no porque alguien me pusiera carga sobre mis hombros, sino porque yo mismo quise conocer mis límites y presionarme tanto como fuese necesario: tenía que probarme hasta donde podía llegar sin quebrarme.

Aunque esta historia suena bien, no podría descartar todas las cosas que tuve que cortar de tajo para salir adelante y uno que otro problema de salud que afortunadamente ya está controlado. Sin embargo, tal vez lo que más me duele es que este año se abrió la convocatoria para un doctorado que me interesaba estudiar y no pude involucrarme en el proceso de ingreso (ni modo, ya será el próximo año) puesto que no tengo una garantía laboral que me permita comprometerme económicamente, ya que trabajo en la Administración Pública Estatal que este año llega a su fin, por lo que muy probablemente tendré que salir en búsqueda de nuevas oportunidades. Ya lo sabré más delante.

Pasó año y medio en un abrir y cerrar de ojos y aún no sé como es que pude lograr cumplir con tanto, ya que al verlo en retrospectiva me parece descabellado. Estuve conectado y desconectado a la vez de otras cosas (de las que espero volver a conectarme en breve). Por lo pronto, casi llegan a su fin las dos semanas que he tenido de vacaciones y apenas empiezo a calmar mis ansias por tener tanto tiempo libre (tres series de Netflix, un montón de horas dormido y sobre todo tiempo de calidad con mis seres queridos), estoy a nada de empezar la siguiente temporada.

Estoy ansioso y emocionado a la vez.
Y es que los finales siempre traen consigo nuevos comienzos.