El Epílogo

Hace unos meses, escribía el final de temporada de esta historia titulada 2016. En aquel entonces, me sentía ansioso y emocionado a la vez, ya que había finalizado un intenso período de actividades que me colocó en situaciones que me obligaron a rebasar mis límites para conseguir las metas que en un inicio me propuse.

Casi cinco meses después, me toca escribir el epílogo de esta temporada. Lo he denominado epílogo porque es el resumen donde se conectan algunos sucesos primordiales y conoces el desenlace de los personajes que te acompañaron a lo largo del relato. Un relato que empezó hace no mucho.

A escasos meses de que iniciara el nuevo gobierno en mi estado, Tamaulipas, decidí finalizar mi relación laboral con el mismo. Por seis años me había desempeñado como encargado de un departamento enfocado en mejorar la usabilidad de los proyectos web estatales. Tenía ya un sexenio de antigüedad y después de meditarlo, llegué a la conclusión de que la aventura en la que me había embarcado hace tiempo, hoy llegaba a su fin. Probablemente no me había dado cuenta, pero había caído en lo más profundo de una zona de confort que me impedía mirar las oportunidades que existen a mi alrededor. No ha sido nada fácil tomar la decisión de abandonar un lugar que cuenta con un equipo de trabajo tan valioso que se ha dejado la piel en cada desafío para salir avante. Sin embargo, al ser la administración pública un torrente que se desprende de la política, donde la capacidad de las personas, los resultados que brindan y su determinación pasan a segundo plano (por debajo de la amistad y la militancia en partidos) me ha obligado a replantearme diversas cuestiones y he optado por ser coherente y honesto conmigo mismo al momento de elegir y dar el siguiente paso.

Escribo de coherencia, porque por tiempo considerable he impulsado a los que vienen detrás a que tomen riesgos, a que vayan más allá de ser técnicos, a que sean líderes dispuestos a proponer y a luchar por sus ideales para propiciar el cambio verdadero, el cambio que necesitamos y que tanto le urge a la sociedad. Los he motivado a que confíen en su trabajo, en su talento, a que se conviertan en un motor de ideas y hagan lo que les parezca correcto aunque pierdan algo en el proceso, a que no tengan miedo a equivocarse y se arriesguen para crecer, como profesionales y como individuos. Pero no podría seguir dando este discurso si al encontrarme en una situación que desafía todo lo anterior me quedara simplemente cruzado de brazos, ya que siempre he pensado que se debe predicar con el ejemplo. Se debe coincidir lo que se dice con lo que hace, solo así se puede obtener credibilidad, confianza y certeza de que alguien verdaderamente sigue sus principios.

La Administración Pública me ha dado mucho, un montón de experiencias y enseñanzas únicas e inolvidables por lo que no puedo más que sentirme agradecido con quienes me consideraron para participar en ella. A todas las personas con las que me tocó trabajar, les reitero mi más profundo y sincero agradecimiento, por su amistad, apoyo y confianza.

Así que, ha llegado el momento de decir adiós. De emprender, de participar en otros proyectos y de volver a sentir esa pasión que a veces se pierde entre la rutina. Dejo mi empleo principal a un lado, emocionado, ansioso y expectante como aquel día que terminó para mí una temporada. Lo único de lo que estoy seguro es que continuaré apoyando en la Universidad, ya que disfruto impartir clases y me mantiene activo intelectualmente. De lo demás, solo hay proyectos difusos que espero con el pasar de los días puedan clarificarse. Seguro pronto podré contarles un poco más de lo que estoy haciendo. Por lo pronto, les dejo el correo que he compartido con mis amigos de la oficina:

De: luis quintanilla
Para: <Dirección de Internet>
Fecha: 20 de diciembre de 2016, 14:49

Hola a todos,

Les escribo este correo para comentarles que el día de hoy renuncié a mi trabajo en Gobierno del Estado. Seguiré viniendo hasta el Jueves (que es el último día antes de salir de vacaciones) y posiblemente me dé un par de vueltas en la semana que viene para limpiar mi lugar y dejar todo listo para la entrega recepción.

Cuando llegué aquí, hace ya seis años, tenía una idea clara de lo que quería lograr y cómo conseguirlo: contribuir a cambiarle la cara al gobierno en los ámbitos que siempre me han apasionado, la tecnología y el diseño. Si bien no ha sido sencillo, pues llegar a un área relegada y hasta olvidada por algunos, lo complicó todo. Lo que viví en el sexenio es algo que nunca podré olvidar y que me ha dejado una de las más grandes experiencias y enseñanzas en la vida: nunca darse por vencido, aunque los obstáculos y la presión política sean enormes y el presupuesto limitado. Siempre hay formas de salir avante, lo primordial es no perder de vista los objetivos que nos hemos trazado, ya que incluso si fallamos, esto nos permite analizar, replantearse y encontrar una mejor forma de hacer las cosas.

Han sido tiempos complicados y a pesar de ello, creo que hemos dado un paso importante sentando las bases para lo siguiente: crear proyectos que cumplan con las expectativas de los ciudadanos y que internamente no tenga grandes complicaciones para ser funcionales seleccionando la tecnología no por ser una novedad, sino por lo puede ofrecerle a quién la utiliza y principalmente a quién la necesita.

Con la transición y posteriormente la nueva administración, dejé de sentirme identificado con este lugar. Porque creo que aunque se debe pensar en innovar, también se debe aterrizar, con realismo y coherencia. Porque no puede haber un sistema sin un análisis, un diseño sin usuarios finales, un proyecto sin una planeación y una estrategia sin un diagnóstico. Porque aunque la tecnología es sumamente importante, no define el rumbo, sino que lo hacen las ideas y las ideas deben llevarse a cabo o no sirven para nada. Y sobre todo, porque se debe ser humilde, escuchar a quienes conocen del tema y ser siempre coherente, coincidir lo que se dice con lo que se hace.

Creo que ahora que termina el año, es un buen momento para cerrar este ciclo y empezar de nuevo, por lo que hoy quiero agradecerles su valioso apoyo a lo largo del trayecto en el que hemos coincidido, porque sin ustedes, esto no hubiera sido posible y no podría mantenerse de pie. Aunque digan lo contrario. Aunque aseguren que las cosas se hicieron mal, sabemos que no fue así. Que siempre dimos lo mejor con las oportunidades que se nos dieron, y que gracias a eso, las cosas siguen funcionando y por ello estamos aquí.

Me voy satisfecho y muy orgulloso de haber formado parte de este equipo de trabajo. Ha sido en verdad un privilegio trabajar con todos ustedes, con Guillermo Mejía y con Edwin Tuexi, amigos excepcionales de los que he aprendido bastante y con quienes me sentiré agradecido de por vida.

Disculpen por adelantado el que no me despida en persona, la verdad es que odio toda clase de situaciones de ese tipo y además, estoy seguro que nos seguiremos viendo.

Muchas gracias por aguantarme tanto tiempo.

Les deseo muchos éxitos, donde quiera que estén y a donde quiera que vayan,
Un abrazo,

Luis

>> Continuará…