Cinépolis, una marca que apesta

Cinépolis

Hoy voy a escribir sobre una marca que me ha jodido mucho en los últimos meses, Cinépolis.

Cinépolis es una empresa mexicana dedicada a la exhibición de películas, es una de las cadenas de salas cinematográficas más grandes de América con presencia dominante en México, siendo prácticamente un monopolio en las ciudades pequeñas, donde la competencia tiene infraestructura limitada y tiende a darle preferencia a las películas dobladas al español.

Poniendo lo anterior como antecedente, quisiera hacer una breve reflexión en cuanto al comportamiento que la marca adopta para con los consumidores. Primeramente, en una ciudad pequeña como la mía, muchos estrenos tardan meses en llegar, y en ocasiones duran una semana en cartelera (a veces menos). Como la marca no tiene un rival significativo, subestima y menosprecia a los habitantes de los lugares donde sus complejos dominan el mercado. Películas como The Imitation Game, Birdman, Whiplash o Boyhood (por nombrar las más recientes) han llegado meses después para estar en cartelera menos de una semana a pesar de haber sido sumamente aclamadas por la crítica. Otras, ni siquiera llegan, así que es más fácil encontrarlas en un Blockbuster (sí, nosotros todavía tenemos Blockbuster). Quienes vivimos aquí, no tenemos otra más que adaptarnos, a veces tenemos la suerte de que Netflix las tenga primero, las compramos o incluso hay quienes prefieren buscarlas online (yo en lo particular, lo aborrezco, me gusta disfrutar la experiencia en alta definición, porque el cine es uno de los hobbies que más disfruto).

Además de esto, recientemente, he tratado de asistir a Cinépolis y la mayoría de las veces ha sido un fracaso. No porque yo no tenga el tiempo (sin duda que me lo doy), sino porque otra de las mañas de la empresa es cancelar las funciones después de mostrarlas disponibles en cartelera (me pasó dos veces, una de ellas fue Boyhood hace unas tres semanas, al momento de preguntarle a un empleado por qué la función aparecía disponible en cartelera y no se podían comprar los boletos, aseguró que se debía a que habían llegado autobuses de niños con capacidades diferentes, y habían comprado toda la sala, al poco rato nos dimos cuenta que simplemente cancelaron la función). Qué vergonzoso.

Hoy por ejemplo, mi intención era ver Mad Max. Había estado leyendo muy buenas críticas y me di el tiempo para asistir al cine (a pesar de que los Domingos, el complejo está a reventar). Bien, preparé todo y reservé los boletos (en esta ocasión, reservé por si el complejo estaba muy lleno y no encontraba lugar en el estacionamiento abortaría la misión). Tuve suerte, encontré buen lugar y llegué muy a tiempo (25 minutos antes). El tipo que me atendió en taquilla, me pidió mis datos de reservación y me dijo que la reservación ya había expirado, así que me dio a elegir otros boletos (verifiqué en la aplicación en ese momento para cerciorarme y escoger el mejor lugar disponible). Hasta aquí bien, compré en cafetería y me fui a la sala. Para mi sorpresa, aún se encontraba cerrada y no abrió hasta la hora de la función. Ya en mi asiento, esperé los minutos reglamentarios de tráilers y al finalizar, empezó la película, pero OH DEMONIOS, era ¡AVENGERS! WTF!? 

Obviamente, me salí y como desde hace años el boleto no lleva el nombre de la película impreso (y la sala en la que me encontraba tampoco), fui directamente a la recepción para pedir hablar con el gerente. Ya me encontraba sumamente molesto para entonces. Tuve que esperar a que lo encontraran (al parecer no es de los que están muy atentos, ni es localizable desde la recepción), para que me atendiera. Le expliqué lo sucedido y le dije que ya había tenido problemas similares con la empresa, comentario al que no le dio mucha importancia. Al final me llevó con quien me vendió el boleto y le dijo que quería mi dinero de regreso, que me lo devolviera. Todavía el cabrón de taquilla me decía que igual podía entrar a ver MadMax (que aunque tenía 20 minutos que había empezado, 15 eran de cortos, total, solo me iba a perder 5 minutos, JA). Me regresó mi dinero y le regresé sus cupones, diciéndole que no me servían PARA NADA. Al muy orate se le hizo muy lógico que como mi reservación se canceló, podía venderme un boleto para otra película y asunto arreglado. ¡Qué pendejada!

La verdad es que he tratado de comunicarme con la marca por redes sociales (Facebook o Twitter) en un montón de ocasiones para comunicarles el pésimo servicio que brindan, pero siempre es en vano. Tienen una cuenta exclusiva para “ayudar” (@AyudaCinepolis), pero lo único cierto es que les importa un carajo lo que opinan las personas y las experiencias desagradables que tienen. Te preguntan un montón de detalles y a veces ya no contestan y nunca nunca nunca te solucionan los problemas. Aunque hayas perdido tiempo, o dinero, pareciera que hablaras con un robot y encima, te piden pruebas (capturas o fotos), pero nunca te dan la razón y casi siempre ya no contestan, mucho menos le dan seguimiento a tus planteamientos. Una lástima si es que una agencia de publicidad les maneja la cuenta, porque deben cobrarles muchísimo para que solo estén empinando a la marca. La verdad no sé, y me importa pura chingada.

En fin, no quiero (ni espero) cortesías, dinero, o compensaciones por parte de esta jodida empresa. Lo que quiero es que hagan bien su trabajo, que le den un trato digno a sus consumidores y el que sean la única opción viable en una ciudad, no significa que tienen que estarle pateando los huevos a los clientes porque saben que éstos no tienen otra opción o ¿Es mucho pedir el recibir un trato adecuado por los 65 pesos que uno paga para ingresar al cine?

Pinche Cinépolis, la estás cagando.